Luego de que doña Hildita, compradora
prevenida, para evitar estar corriendo los últimos días antes del uno de
noviembre; ya cuenta con todos los ingredientes para iniciar el ritual de la
preparación y mezcla de los mismos para tener listo el uno de noviembre el
tradicional y exquisito fiambre.
Un platillo en el que, durante su elaboración, participa toda la familia; picando verdura, rodajando los embutidos, rayando el jamón y el queso; haciendo competencia en ver quién abre más rápido las latas de conservas; en fin una convivencia familiar que durante los días antes del uno de noviembre se disfruta con las ocurrencias de cada integrante de la familia; donde las penas quedan en el olvido y todo es unión, felicidad y convivencia familiar.
La hija de doña Hildita, la chatía; se
encargaba de asegurarse de que cada familiar, tío, primo, sobrino, ahijado,
entre otros participantes; se reunieran en su hogar para celebrar esta fecha en
que honraban a los difuntos y a todos los santos.
Siendo esta una celebración que une a la
familia, parientes que se han dejado de ver hace mucho tiempo, amistades y en
donde rememoran a los que ya no están con nosotros físicamente; por qué no ser
ese nuestro día de acción de gracias; de dar Gracias a Dios por los que estamos
y por lo que tenemos, por los que tenemos la dicha de compartir con los seres
queridos.
No importa que el platillo de Fiambre lleve los
ingredientes más exóticos o exclusivos, lo importante es estar unidos ante
situaciones adversas, ante la incertidumbre del futuro del país o ante la
inseguridad si volveremos a estar con nuestros seres queridos; la relevancia es
que estamos juntos.