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domingo, 27 de marzo de 2016

EL ÚLTIMO GRITO

“¡¡¡Por la gran puta!!!” Fue el grito desgarrador que se escuchó en las afueras del sport-bar ubicado en el lobby del hotel El Dorado, sobre la séptima avenida de la zona nueve de la ciudad capital. Eran cerca de las dos de la mañana y solamente Pedro y Memo se encontraban en el interior, finalizando de beber el último de los seis picheles que se habían tomado.

“De plano atropellaron a un bolo como vos...” –le dijo Memo a Pedro. Mientras ambos se carcajeaban por la ocurrencia. Finalmente decidieron pagar y retirarse. Les costaba pararse ya que luego de la cantidad de cervezas que se habían metido en el organismo, ya andaban algo “asurumbados”. Y así tomaron rumbo hacia el parqueo para cada quien irse a su casa, era día jueves y al día siguiente tenían que ir a trabajar y por supuesto levantarse temprano. Ambos eran compañeros de trabajo y en lo que iban caminando hacia el carro, tratando de no perder de vista la línea recta, ya que por el efecto del alcohol empezaba a recorrer el trayecto en zigzag; Pedro le dice a Memo: “vos cerote, mañana hay que ir a quitarse la cruda allá donde las patojas que abren a las diez de la mañana”.

Ya, asomándose al parqueo, vieron justo a su mano izquierda, en medio de la oscuridad, a un grupo de unas seis personas, las cuales por la falta de iluminación no se les distinguía muy bien y solo se apreciaban sus siluetas oscuras, que rodeaban a un cuerpo tendido sobre el pavimento quien al parecer había sido atropellado, asaltado o baleado. Ya en la ciudad se esperaba cualquier tipo de muerte, el gobierno era tan ineficiente que el tema de seguridad se le había salido de las manos y ya el ciudadano salía de su casa esperando poder regresar al final del día. Aunque este par de aventureros se la jugaban y andaban trasnochando y bien servidos con la bebida. La cosa es que decidieron acercarse para ver en qué podían ayudar, al ir acercándose escuchaban los murmullos de los curiosos que a lo lejos se podía entender: “pobrecito”, “ya no podemos hacer nada”, “hay que tratar”, “otro que se lo echan por lo mismo”.... Y así fue lo poco que se escuchó. Una jovencita de unos veinte años lloraba amargamente, estuvo unos minutos y se fue.

Cuando Memo y Pedo iban a preguntar a los extraños, de repente aparece un conjunto de luces rojas y verdes, una sirena escandalosa y el rechinado de llantas deslizándose sobre el pavimento. Confusión... “Que desmadre” dijo Memo.

Aparecía la ambulancia, frenaron a la par del cuerpo tendido, se bajaron tres tipos de uniforme azul y su casco rojo, con camilla en mano. “Permiso... Permiso.., ¿qué pasó?” – preguntó el bombero.

Pedro volteó a ver al grupo que estaba antes que ellos para que dieran su versión, pero la sorpresa fue que al dirigirse al grupo... Ellos ya se habían ido. “Que ahuevados... Se fueron los muy jodidos y nos dejaron bien sembrados”.

Pedro y Memo les contaron todo lo poco que ellos vivieron durante esos momentos que los bomberos se rieron y les dijeron: “mejor vayan a dormir y a quitarse la bolencia, y mejor si ya no se asoman por estos rumbos a echarse los tragos o así van a parar”.

Pedro y Memo no habían entendido con toda claridad el mensaje del bombero, únicamente que tenían que ir a quitarse esa borrachera y descansar. “Mejor hubiéramos ido a echarnos las chelas allá al portalito, allá más tranquilo” decía Pedro.

Pero resulta que esta vez, Memo había sido ascendido y ya habían escuchado hablar de este nuevo bar, que decidieron celebrar el aumento en dicho lugar, pero luego de lo vivido, extrañaban su punto de encuentro regular en el centro histórico de la ciudad.

Igual, al fin de mes siguiente cuando Memo recibió el salario y por medio de mensaje de texto recibió la notificación, fue a buscar a Pedro y le dice: “Ya cayó la mosca... Por fin cayó Mercedes...” Lo cual significaba que ya le habían depositado el salario. Por lo tanto, se iban a ir de farra.

Decidieron regresar al nuevo antro, ahí en la zona 9... Llegaron y pidieron un par de picheles, unas alitas con barbacoa y un plato de papas fritas. Pasaron las horas y lograron escuchar un grito de sufrimiento en las afueras... “¡Noooooooo!”... Y luego silencio.

"Mi huevo” dijo Memo... “Esto no es normal”

Decidieron preguntarle al mesero, quien atentamente escuchaba y los miraba como un padre escucha a su hijo contándole de que un perro corría a un gato. El mesero sin ser descortés solamente les dice: “acá pasan muchas cosas, raras eso sí... Pero mejor no salgan.. Muchas veces las sombras que están allá afuera no son buenas y andan tras los imprudentes, mejor quédense acá adentro”.

"Otro bolo" dijo Pedro, carcajeándose....

Pasó la velada y se fueron, luego de ese encuentro con el mesero; durante la hora de almuerzo, le comentaban a sus compañeros respecto s lo que habían vivido. Uno de ellos, se quedo serio y pálido y les decía que tenían suerte, ya que ahí un familiar había sido llevado por las sombras del más allá. Que todas las noches de viernes y sábado, siempre moría alguien en ese sector a manos de las sombras.

Memo y Pedro reían y bromeaban: “las sombras del guaro y de la goma te mataraaaan...” – se carcajeaban.

Pasaron unos meses más y llegó el ansiado día del pago del bono catorce... “Sale fiesta luego de la oficina..!!!!” – dijo Memo.

Pedro ni dos veces asintió y dijo: “a las cinco en punto nos vamos”

Dicho y hecho, al final de la tarde, ya estaban de nueva cuenta en el bar, empezaron justo antes de las seis de la tarde. Ya a las ocho de la noche, Memo andaba sobre girado de tanta cerveza que se había metido, no lograba articular palabras y solo Pedro le entendía,... Según él.

En una de esas, Memo le expresó que no aguantaba ir al baño, el estomago,lo sentía revuelto y bueno, sentía que todo lo,que tenía en el estomago se le devolvía. A cómo pudo llegó al baño, estuvo desahogándose cerca de cinco minutos.

Al salir, ya más tranquilo y mejorado, vio que una jovencita de unos diecinueve años cruzaba la calle, era la misma que estaba llorando la primera noche que él estuvo por ahí, el día de la persona que gritó desgarradoramente y que al salir del bar, estaba muerta al final de la calle. Era la señorita que lloraba y que de repente se retiró del lugar.

“Mi huevo, esta tiene que decirme que pasó y ahora me la conecto”- dijo Memo. Así que salió tras ella. Trataba de alcanzarla, sin tener éxito, pero unas luces lo encandilaron, abrió los ojos hasta más no poder, sabiendo que no podía hacer nada, logro ver a la chica a un lado de la calle, mirándolo y riéndose de él; Memo alcanzó a gritar... “Mierdaaaaa!!”. Todo se volvió negro.

Pedro escuchó un grito desgarrador al nada más ver salir corriendo a Memo del bar. No le quedó otra más que salir.

Para su sorpresa encontró al mismo grupo de personas que casi no distinguía, rodeando un cuerpo y dentro del grupo a una jovencita que no dejaba de llorar. Apareció la ambulancia y bajaron los bomberos. En la incertidumbre que adornaba el lugar, trato de preguntar a la chica, la cual se alejaba de poco en poco; Pedro insistía,, pero la chica lo evadía a cada momento... Mientras lloraba al ver el cuerpo, miraba a Pedro y y reía con una mueca burlona... Era jovencita de unos diecinueve años, con un traje blanco pegado que destacaba su bien definido cuerpo, ojos azules, piel rosada; prácticamente un imán para cualquier hombre enamoradizo.

Pedro se desconcentró unos momentos al ver venir a las ambulancias y a la fila de bomberos con camilla en mano para ver si podían hacer algo por el fallecido, el cual estaba tendido en el pavimento, con una cara de que su último momento fue de terror y miedo. Pedro al regresar la vista a los curiosos... Ninguno estaba, ni la jovencita.

Al ser el único testigo, ya que nadie estaba en la escena del crimen; tuvo que contarles lo poco que había visto, de la salida de Memo buscando a la dama, la gente que rodeaba el cuerpo, el grito desgarrador y todo eso. Pero que le sorprendía que al momento en que ellos llegaban, todo mundo se iba inmediatamente.

Los bomberos se miraron entre sí, con cara seria y le dijeron a Pedro: “sabemos que usted no tiene nada que ver en esto, mejor váyase o por el estoque a guaro que tiene, lo más seguro es que se lo lleve al policía”. Pedro insistió: “¿Pero que pasa?, ¡díganme!”
El bombero insistió: “mejor váyase y no venga por acá, hay una leyenda rara de una jovencita que atrae a los hombres y al llegar a la esquina se los lleva al más allá”

Pedro dentro de su bolencia. Dijo: “bomberos más pajeros, ni que yo me estuviera inventando las babosadas”. Así que se retiró, tuvo que pasar el amargo momento de informar a familiares y amigos respecto al incidente.

Pasaron los días, Pedro estaba deprimidos por la pérdida de su amigo y meditando sobre las palabras de los bomberos; así que le dijo a un compañero de oficina: “vamos a echarnos un par de tragos por los nueve días del Memo, pero eso sí. Estando en el bar, si ya me miras bolo, me sacas; y si me opongo entonces llamas a al policía, pero no me dejes hacer muladas”

El compañero, medio dudando, le dijo que estaba de acuerdo y que así lo haría.

Al final del día salieron de la la oficina y se dirigieron al bar, ambos estaban sentados en la barra tomándose las respectivas cervezas cuando al pedir que les volvieran a llenar los tarros, la mesera les dice que si iban a querer algo más, ya que ella se tenía que retirar.

Pedro quedo sin aliento al ver que era la jovencita que había visto el día de la muerte de Memo. Aún pudo platicarle si podía hablar con ella antes de que se retirara y ella le dijo que si.

Pedro le dijo a su compañero de oficina: “¿viste que bonita esa chava?”. Y el compañero le dijo que “cuál chava? Que solo había visto al administrador del bar que andaba atendiendo a otros clientes”

En esa discusión estaban, cuando Pedro vió que la jovencita salía del bar vestida con su vestido blanco pegado, lo voltea a ver y se ríe picarezcamente y cierra la puerta y se va.

Pedro le dice a su compañero: “hoy arreglo el misterio de la muerte de Memo”. Y esto se debí a que ni la familia ni en el trabajo, le habían creído la historia que Pedro les contó. Es más, le increpaban a Pedro ya que él no había hecho nada por la vida de Memo, en fin, Pedro fue a solventar el misterio.

Pedro sale tras la chica, logró darle alcance y la toma del hombro para llamar la atención de la jovencita. En eso ella se da vuelta y todo fue confusión, su cara era pálida, sus ojos grises, con un vestido negro como la noche, y una vela en la mano...

Pedro quedo petrificado, al querer salir corriendo sintió pesadez en sus piernas y vió que un grupo de sombras se dirigían hacia él, riéndose y burlándose. Se le erizo toda la piel, no podía gritar, no articulaba ninguna palabra, no había nadie cerca; regresó a donde estaba la jovencita y debajo de su manto negro solo se podía apreciar a un esqueleto tomando una vela blanca en la mano. Pedro quiso gritar, o gritó pero su alma había sido tomada.


jueves, 24 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD !!!!!!!

Pues... Que belleza descubrir que aún se lleva "algo" de espíritu navideño dentro de nuestros sentimientos. Pero... Qué es el espíritu navideño? .... Comprar regalos? Rezar la corona de adviento los cuatro domingo previos a la festividad? Entrar en espíritu dadivoso y buscar en término de un mes lo que en un año no se hizo? Dadivoso.. En fin... No entraré en detalles... Cada quien a su conciencia...

Pero bueno, henos acá en otra festividad como lo es la Navidad, dicen que no es en diciembre, que debería ser en agosto, otros no la celebran, en fin.... TODO debe ser respetado según las costumbres y tradición de cada persona, familia, región, religión, etc...  Lo importante es la moraleja que nos deja este "espíritu"; el cual consiste en "NO TRATAR" de ser buenos y dadivosos en estas fechas, sino que es para REFLEXIONAR, MEDITAR Y ACTUAR respecto a cómo hemos sido con el prójimo y ENMENDAR.

Le hemos tratado bien en todo el año? Hemos sido condescendientes? Hemos sido empaticos? Hemos tratado a TODOS como nos gustaría que nos traten a nosotros?

En fin.... Seguro que esto nos arrojará varias respuestas sin necesidad de expresarlas. Esto nos dejara como moraleja el NO TRATAR, sino SI ACTUAR como se debe ser. Respeto al derecho ajeno, cordialidad y solidaridad.

Felices fiestas y de todo corazón les deseo que esta noche sea el inicio de una nueva etapa en su vida; orientada a buscar ser mejores cada día y afectar en forma positiva a los que nos rodean.

Un abrazo y Feliz Navidad !!!


viernes, 18 de diciembre de 2015

FANATICO LITERARIO

Fanático Literario

Es normal que una persona que es apasionada a la lectura busque frecuentemente material que se apegue a los gustos literarios del interesado. O bien participa o busca eventos en donde se hagan presentaciones de libros, sin importar la experiencia o fama del que lo esté presentando. “Siempre se descubren nuevos y buenos valores” decía Daniel, quien se “devoraba” los libros que adquiría. Libros de trescientas páginas en una semana los concluía; no digamos los de menos de cien páginas, a veces no le duraban ni dos noches. 

Lo complicado era que no precisamente tenía la economía perfecta para saciar su sed de lectura. Cada quincena o fin de mes (cuando le pagaban) ahorraba o presupuestaba parte de ese dinero para comprar libros. Los compraba en librerías locales o los buscaba en internet para bajarlos digitales o en el programa de documentos PDF, los que buscaba de gratis o bien conseguía no pagar más de tres dólares. En su mesita de noche guardaba los libros físicos, mientras que los digitales los leía en su computador personal. 

Por medio de las redes sociales contactaba grupos destinados a la lectura, en donde se enteraba de lugares que frecuentaban escritores, o bien grupos dedicados a discutir libros y dar opiniones, así como actividades de presentaciones de libros o ferias de lectura. A cada una de ellas asistía, aprovechaba los eventos, conocía gente, fumaba con los críticos literarios y se embriagaba al lado de los escritores y otros personajes del círculo literario. Un círculo que corresponde a soñadores, idealistas, filósofos, creativos; mentes que arreglan en sus letras, problemas, crisis o penas. O bien, son creadores de ilusión, grandeza, triunfos, glorias, sueños. En fin, a través de lo que escriben provocan que el lector navegue y se rodee de un mundo real e irreal, donde la realidad se compenetra con la fantasía y la fantasía se vuelve real. Un mundo mágico que solamente el amante de la escritura y la la lectura entienden.

Daniel, antes de ver una obra escrita trasladada a la pantalla grande, prefería leer los libros para que su imaginación navegara y se inventara los escenarios que el autor presentaba. No tenía precio el brindarle a la mente esa oportunidad de divagar y crear los personajes, paisajes y ambientes que aparecían en la obra.

Durante los últimos eventos literarios a los que Daniel se presentaba, lograba adquirir los libros en forma no tradicional, se los embolsaba o no los pagaba; no era una ganga para las librerías o antros de escritores recibir a Daniel. Porque aparte de que no pagaba, aprovechaba a comer y a beber como que si se fuera la última comida que existiera en el mundo, su comportamiento luego de meterse unas cuatro copas entre pecho y espalda no era el habitual.

Cada día buscaba  en las redes sociales la oportunidad de eventos literarios para poder asistir, en una de ellas encontró un evento de lanzamiento de poesía, el cual llevaba el título de “POESÍA SOMBRÍA”. Título algo macabro, pero que a Daniel le pareció perfecto. “En esas presentaciones dan vino y buenos quesos” decía. Ese lanzamiento precisamente iba a ser un viernes trece de diciembre, algo bizarro, pero igual había que asistir. Esas oportunidades no se podían desperdiciar; comer, beber y salir con libro gratis.

Misteriosamente, le llegó por mensaje directo a su cuenta personal de la red social la invitación para el evento. Algo raro, ya que luego de su comportamiento durante los eventos, varios escritores y/o seguidores lo habían empezado a bloquear. Pero en esta oportunidad le habían enviado una invitación personalizada y siendo parte de la sección VIP del evento (sección solo para personas importantes). Al principio lo tomó como broma, tomando como referencia que debido a sus actos impropios, alguien le estaba jugando una misteriosa jugada.

El lugar donde sería el lanzamiento, según la invitación; era en un nuevo lugar llamado “La Cueva De Las Letras”, el cual estaba ubicado sobre la avenida de Las Américas, del lado de la zona trece de la ciudad capital.

A Daniel le pareció raro el nombre de un lugar dedicado a lectores; no lo había escuchado antes. Pero igual dijo: “días antes de ese lanzamiento voy a ir a echarme una vueltecita para conocer el lugar y ver cómo me movilizaré ese día para sacarle provecho”.

Así fue, la invitación indicaba que la actividad sería el sábado seis de junio a las seis de la tarde, pero Daniel tomó rumbo hacia la ubicación el día lunes antes del evento. Enfilando ya sobre la avenida Las Américas, pasando el restaurante de comida rápida de especialidad hamburguesa rey, al siguiente cruce a mano derecha luego de pasar un redondel, un gran árbol ocultaba el local, el cual desde la primera vista era discreto y en su interior se escuchaba música instrumental que invitaba a relajarse.

Daniel, al parecer llego temprano, porque las puertas aún no estaban abiertas. Pero como que si alguien le estuviera esperando, le abrieron la puerta y le invitaron a pasar a las instalaciones, un gran parqueo para vehículos (unos 50 carros de capacidad aproximadamente) que de momento estaba vacío, ya que un lunes y a las cinco de la tarde, era raro quien llegara; pero al final era un cliente y lo iban a atender.

El local, ubicado al fondo del terreno, una casa estilo campo, de madera, grandes ventanales y un área al aire libre en donde se podían apreciar las primeras mesas estilo rústico. El interior del local, al estilo “escritor”; pinturas o fotografías de los grandes escritores latinos, Vargas Llosa, Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Rubén Darío, Miguel Ángel Asturias, entre otros grandes, o bien se encontraban citas de libros o poemas famosos. Diferentes dormitorios y ambientes, uno era para biblioteca, en otro exhibiciones de libros a la venta, otro salón que era para eventos y lanzamiento de libros. En fin, un lugar justo y adecuado para las personas amantes a la lectura y escritura. Daniel bajo al área del bar y aprovecho a refrescar la garganta con dos cervezas y luego se retiró. “Va a estar bueno el fin de semana con esa presentación a la que me invitaron”, pensó Daniel.

Luego de una ruda semana, llegó el fin de semana y Daniel se aprestó para ir a la presentación. “Vino, quesitos y oportunidad de salir con libros gratis”, iba pensando durante el trayecto. Vestido con un impecable traje azul marino, corbata roja con líneas amarillas sobre una camisa celeste, bien peinado con su pelo corto castaño claro; afeitado total y sus infaltables lentes redondos claros. Dando así una imagen intelectual. 

Llegando ya a “La Cueva De Las Letras”, tuvo la suerte que fue el último vehículo que dejaron ingresar, todo estaba lleno, carros alineados en doble fila, gente por todos lados; la cosa se miraba que iba a estar alegre. Lo que le llamó la atención es que todos los invitados iban de impecables trajes de color negro, corbata y accesorios; como que si fueran a un funeral. 

Daniel no le puso mucha atención a ese detalle, dejó su vehículo en un espacio disponible en el último rincón del terreno adecuado para servir de parqueo. Logró ubicarse, apagó su vehículo. Aún le dio tiempo de echarse un trago de la cerveza que llevaba en la mano y luego se echó un poco de loción, se metió un chicle en la boca para masticar y disimular el aliento a licor, se bajó del carro y se dispuso a caminar hacia el salón del evento.

Al ingresar el salón estaba abarrotado, solo se lograban distinguir risas, murmullos, carcajadas, entre otros temas relacionados a temas literarios. Daniel estaba más preocupado en buscar en donde conseguía su primer bebida y por supuesto buscar un libro “disponible” para que se lo pudiera embolsar.

Pasaba frente a una estantería dedicada a masonería, caballeros templarios y otros similares y le llamó la atención, había una colección completa que le pareció accesible para poder apropiársela. Preparándose para dar la estocada y tomar el primer ejemplar, cuando un bullicio de aplausos, hurras y silbidos hizo brincar del susto a Daniel, quien de la impresión ya no pudo tomar el ejemplar. Regresó al salón y vio que ya el escritor que haría la presentación del libro había llegado y la gente estaba excitada con su presencia.

Daniel se acercó y no pudo ver de cerca al popular escritor, “lo quiero conocer, por qué tanta bulla con este tipo que ni he escuchado” decía Daniel. La curiosidad lo desbordó, mesero que pasaba ofreciéndole bebidas, se las tomaba, andaba frenético. Una sensación indescriptible. Se olvido de querer apropiarse de libros en forma ilícita, y su finalidad era llegar al escritor que le había invitado. Empezó a empujar a las personas que le impedían el paso para llegar al personaje, los afectados reían y lo señalaban “ahí va el bolito ladrón de libros” burlándose de Daniel.

Daniel se sentía incómodo, solo quería llegar con el escritor y entender la invitación; empezaba a sentir miedo, sus piernas las sentía pesadas, pero perseveró hasta llegar a estar a dos metros de la persona, estaba de espaldas, rodeado de personas que lo halagaban y felicitaban por sus obras literarias. Vestía un traje impecable negro brillante, zapatos de charol negros nuevos, pudo apreciar su cabellera larga con cola de un negro azabache, como que si se lo hubiera pintado. 

Daniel al momento de acercarse para hablarle, todo quedó en silencio y la gente le dirigió la mirada como si hubiera cometido una imprudencia. Eso no le importó a Daniel, quien al momento de poner su mano en el hombro del escritor para poderle platicar, la gente al rededor soltó una gran carcajada, el escritor no giró el cuerpo, solo la cabeza para mirar directo a Daniel a los ojos. No podía dar crédito a lo que sus ojos miraban, le temblaron las piernas, quiso salir corriendo pero su cuerpo no seguía instrucciones del cerebro, se orino y cayó hincado al suelo sin poder articular una sola palabra, esto sucedía mientras la cara del escritor sin ojos, solo las cuencas vacías y negras, con dentadura afilada y puntiaguda, piel pálida demacrada y su aliento fétido a muerte. Hizo que Daniel soltara un alarido, esto mientras las personas al rededor se transformaban en sombras negras y de facciones macabras irreconocibles, algunos con caras de ovejas negras de ojos rojos, otros con caras de lemur, ojos rojos y colmillos pronunciados. Seguían las carcajadas, Daniel perdió el conocimiento.

Luego de tres días las noticias reportaban de una persona que había sido encontrada muerta en un terreno baldío en una casa que había sido declarada abandonada desde hacía cincuenta años en el lugar. Lo encontraron tirado a la par de su vehículo con una rosa negra en la mano, cara desencajada como si hubiera sufrido una tortura y los dedos de sus manos tensos, como si antes de morir hubiera querido aferrarse de algo.

Unos dicen que fue una resaca, otros que murió de un infarto, pero solo Daniel podría haber contado la historia de lo que sucedió pero que nunca se sabrá.













lunes, 30 de noviembre de 2015

Gomas Espectrales

Pues como decían las abuelitas, quienes luego de las borracheras que se metían los hijos de sus hijos, eran las que primero regañaban, pero las que salían al auxilio al día siguiente; inventándose los menjurges necesarios para aliviar el malestar crónico del necesitado. 

No está de más aclarar que a estos síntomas post-ingestión de licor, se denomina comúnmente por la población como... GOMA.

“A la mierda los efervescentes”- decía Martín. El atol blanco o el caldito de huevos que le hacía su abuela era el elixir de la vida, con el cual, luego de tomar la dosis respectiva de dignas recetas llenas de sabiduría por parte de su abuela, procedía a dispararse la primer cervecita del día.

Lo más crítico era los fines de semana, cuando Martín se iba de farra jueves, viernes, sábado y domingo por la mañana. Todos los días, bueno... Todas las madrugadas, a eso de las tres de la mañana, Martín regresaba prácticamente rebotando de pared en pared cuando entraba a la casa en un estado etílico que según su abuela, era un récord mundial, por todo lo que Martín se metía de alcohol en el organismo.

Nunca se explicaba la abuela de Martín, de cómo le hacía para llegar en ese estado a la casa luego de conducir su vehículo las distancias que recorría en esas noches de farra, en donde se iba a la Antigua Guatemala (a cuarenta kilómetros de la cuidad capital), o bien se iba al lugar de moda Cayalá en la zona 16, o cuando le agarraba la sed cervecera, se metía en el primer antro que encontraba. “Ahora en estos años luego del dos mil, se encuentran lugares por montón”-decían los jóvenes.

La abuela desesperada le increpaba..”dejá el guaro... De bolo murió tu abuelo antes que nacieras. Ese carbón vivía zampado en esos bares de la sexta avenida y siempre venía azurumbado sin saber cómo le hacía para llegar, hasta que un día al pobre, de bolo, frente al parque central lo atropellaron. Yo digo que el cadejo se lo ganó, aunque ese chucho dicen que cuida a los bolos. O a lo mejor la siguanaba se lo llevó por andarse cantineando a patojas el viejo verde.” Recordando así la abuela, lo sufrido con su marido, que en paz descansara; con quien, por lo visto había pasado temporadas de cuidar bolos.

Martín hacía caso omiso a las historias, aventuras y desmanes que le contaban de su abuelo, ya que decía que se lo decían para que el dejara la bebida. Además que nunca conoció al “famoso” abuelo, ya que este pobre murió un mes antes que naciera Martín.

Martín era trabajador. Contaba con estudios de maestría y un puesto importante en una institución privada que se dedicaba a dar servicios de estudios de mercado. A sus veinticinco años, ganaba muy bien, era soltero (pero con novia, María; fiel acompañante)y un gran futuro por delante. Pero el dinero lo hizo perder el norte con vivir metido en parrandas, borrachera tras borrachera.

Tanta parranda le pasó la factura. Durante los últimos meses, la abuela se enteró que Martín había cambiado sus puestos de actividad, estableciéndose en los bares del Portal Del Comercio, en el mero centro de la ciudad, con nuevas amistades. Lo bueno decía María, es que estas nuevas amistades lo aconsejaban y cuidaban para que Martín no se metiera esas semejantes borracheras que ya estaban acostumbrados a ver. Pero aún así, Martín seguía o incrementaba el consumo.

Ya la abuela no le quedaba más que resignarse y esperar que un día llegarán a darle la noticia de que Martín lo habían encontrado tirado en algún lugar, ya sea muerto por bolo o accidentado.

Eso nunca pasó, y luego de seis meses, la abuela de Martín se fue con unas primas al departamento de Quetzaltenango. Con la preocupación de Martín, pero la abuela decía: “hierba mala nunca muere”. Esto adicional que estos nuevos amigos, cuidaban y trataban de que Martín no cometiera imprudencias.

Ese fin de semana, que Martín se sentía liberado de la presión de su abuela, agarró una farra de aquellas buenas, bebió hasta no más. María solo se dedicó a ser simple espectadora ante semejante espectáculo. Los amigos hacían lo imposible para tratar de llevarse a Martín de los antros, en fin; Martín andaba desatado.

Uno de sus amigos Eduardo, logró convencerle de irse. Le decía que su abuela no estaba, y que ella seguro estaría preocupada ante el comportamiento que Martín estuviera llevando a cabo.

Lograron sacar a Martín de los antros del Portal Del Comercio y lo llevaron a su casa. Eduardo le dijo a María que al día siguiente llegaría a ver cómo le amanecía el hígado luego de la borrachera que se había pegado.

Y así fue, María por un inconveniente en su trabajo no podía llegar a ver a Martín, pero quedo mucho más tranquila al saber que Eduardo estaría visitando a Martín.

Para sorpresa de Eduardo, al llegar a casa de Martín, él le abrió la puerta con un gesto demacrado y terrible. La goma lo estaba matando. Lo único que logró articular Martín fue: “La goma me tiene abrazando el inodoro”

Eduardo rió y le dijo: “lo mismo me pasaba en mis épocas de farra, lujuria y desenfreno”. Precisamente, según contaba Eduardo a Martín y María, el tuvo épocas difíciles con el alcohol pero que había logrado regenerarse y ahora trataba de ayudar a los que estuvieran pasando por esas crisis.

Eduardo estaba preocupado, ya que luego de llevarle bebidas hidratantes, prepararle bebidas calientes o “pociones” a base de jugo de tomate, Chile y cerveza; no lograban restaurar el estado de Martín.

En una de esas vomitadas, el flujo llegó a los pulmones de Martín, creándole así un paro respiratorio que lo dejo tendido, solo y prácticamente.... Muerto.

Eduardo rápidamente salió de la residencia y tomó rumbo desconocido.

María al salir del trabajo, al no tener noticias de Martín, salió rumbo a su casa. La abuelita le había dejado copia de una llave, para que pudiera entrar. La sorpresa fue terrible, al encontrar el cuerpo de Martín, tirado a la entrada del baño, envuelto en trapos vomitados, pálido y sin respiración. Confirmando así, que Martín había fallecido.

María llamó a todos los que pudo. Algunos fueron contactados, la abuela recién acababa de entrar de Quetzaltenango, consternada y despedazada por el final de su nieto, muy similar al de su amado Guayo.

La abuela, seguía contando y comparando la historia de su amado Guayo y la de su nieto. Tuvo el valor de ir a sacar un álbum de fotografías que tenía guardado en el closet, para enseñarle a Maria y algunos amigos fotografías de Martín desde niño. 

Aprovechando que todos estaban poniendo atención y comentando anécdotas y vivencias, la abuela emocionada siguió buscando fotografías y enseñando de todos los ángulos y escenas. Cuando una de ellas llamó la atención de María, parecía algo vieja la imagen pero no pudo contener la curiosidad y dijo...”Eduardo ¡!!”

“Si.. “ le respondió la abuela tranquilamente. “Esa fotografía es de cuando estudiábamos en la universidad con mi Eduardo, mi Guayito” 

María guardó silencio y ya no quiso opinar, pero algo si era seguro es que el Eduardo que ella conoció en esas noches de parranda, era el abuelo de Martín que lo estaba cuidando y esperando en el más allá.













sábado, 28 de noviembre de 2015

VIRGILIO


Año dos mil y algo, caminar todas las mañanas hacia el trabajo en medio de la jungla de concreto de la avenida Reforma, en donde aún se ha mantenido uno que otro árbol que aún le da el toque verde natural a la ciudad capital; esquivando a los motoristas que andaban zigzagueando en la avenida o bien, teniendo precaución con la imprudencia de los camioneteros, que con tal de ganar pasaje, rebasan a diestra y siniestra sin importarles las vidas que ponen en riesgo estos cafres del volante.

Aún con este recorrido “arriesgado” que diariamente tomaba Virgilio, quien desde lo que era su casa ubicada en la doce avenida y diecisiete calle de la zona uno; caminaba todos los días para llegar a lo que era su lugar de trabajo ubicado al lado del antiguo edificio del Banco Del Café (Bancafe).

Durante el recorrido, todas las mañanas disfrutaba pasar al lado del estadio nacional Mateo Flores, sobre el lado de la preferencia en la dice avenida, donde recordaba siempre las idas al estadio cuando la Selección Nacional y los “rojos” del Municipal, tenían equipos competitivos y eran dignos representantes del fútbol nacional. “Ahora son una basura” decía Virgilio, “se las llevan de europeos, ganan miles y pierden todos los juegos”... Continuaba increpando.

Pero recordaba esas idas al estadios durante los años ochenta,, cuando los juegos eran intensos y la gente no era violenta, cuando los clásicos se vivían con pasión y no habían trifulcas; solo insultos y tiradas de cáscaras de naranja. Aquellas naranjas jugosas con pepitoria, sal y Chile en polvo.

Aquellas épocas, vivencias para contarlas a los hijos de nuestros hijos, otra cultura, otra actitud, que en los tiempos actuales se ha ido perdiendo.

Luego de pasar frente a esta magna instalación deportiva, al avanzar unos cuantos metros, pasaba al lado de las canchas de basquet y del gimnasio de la ciudad deportiva, en la zona cinco de la ciudad capital.

Siempre trataba de salir temprano para pasar justo a la hora en que jugaba el equipo de un colegio de prestigio ubicado en la décima calle de la zona uno... “Cuerazos” decía Virgilio, en especial por una jovencita de no más de dieciocho años, quien siempre entrenaba con un pantaloncillo ajustado proyectando su perfección de piernas como si fueran moñas, su pelo castaño rizado recogido y agarrado por un gancho, los ojos color miel de mirada profunda y su sonrisa permanente de dentadura perfecta, disfrutaba del juego.

Virgilio, luego de tantas rutas diarias que tomaba, desde el día que vio jugar a Carmencita, como le decían las compañeras de equipo; una que otra le decía “tenchita” situación que a ella no le molestaba y que a Virgilio le provocaba risa todos los días.

“Muy jovencita para mí” pensaba Virgilio. Él, mayor de edad, siempre caminaba con su traje impecable de color gris, su corbata azul marino, bien afeitado. A pesar de su elegancia, nadie le ponía atención. Las personas que pasaban a su lado diariamente, aunque fueran conocidas, no le ponían atención.

Nunca se animó a hablarle a Carmencita, ella ni atendía las miradas diarias que Virgilio le brindaba, miradas de ternura y cariño, admiraba a la jovencita deportista. Nunca se le insinuó, respetó su espacio y la dejó vivir.

El tiempo pasó y Virgilio mantenía su recorrido para poder disfrutar y amar en silencio a Carmencita. Virgilio en voz baja decía: “Algún día te fijaras en mi, y te demostraré lo mucho que podría hacerte feliz”.

Llegó el día en que Virgilio llegó al mismo punto y no volvió a ver a Carmencita. Nuevamente le había sucedido, se había enamorado de un imposible.

En su desesperación ya conocida, Virgilio decidió cambiar ruta y así buscar olvidarse de ella, de Carmencita, de quien nunca más volvió a saber. Pensó que en algún momento de la existencia podría encontrarse con ella. Pero no. De las que siempre se enamoraba, nunca las volvía a encontrar, ellas pasaban su vida por esta tierra mientras Virgilio, siendo un alma en pena que falleció durante una pelea a la salida del estadio, por defender a una dama de la que estaba enamorado, luego de un clásico, se mantenía errante, esperando encontrarla ya sea en esta o en otra vida.





viernes, 20 de noviembre de 2015

RUNNERS NOCTURNOS

 
 
HOLA, LA SIGUIENTE HISTORIA ES PURA FICCIÓN, LOS PERSONAJES SON INVENTADOS ASÍ COMO LA HISTORIA, TODO ES PROPIEDAD Y RESPONSABILIDAD DE LA MENTE DE ESTE SERVIDOR. TRATANDO DE AMARRAR REALIDAD CON EVENTOS QUE NO EXISTEN O EXISTIERON, PERO QUE NO SE SI EXISTIRÁN. LOS 10K NOCTURNOS SI EXISTEN.

 
 
La primera vez que anunciaron una carrera nocturna en la ciudad capital, fue un hechizo para los corredores de corazón que por primera vez tendrían la oportunidad de participar en una competencia de carrera de diez kilómetros de distancia, la cual recorrería todo el casco urbano de la ciudad capital. Recorriendo las calles principales; saliendo de la calle frente del edificio de la  Municipalidad de Guatemala, enfilando sobre la séptima avenida de la zona uno, tomando el retorno frente al Palacio Nacional de Guatemala y tomando así la sexta avenida o ahora conocido como Paseo de la Sexta en la zona uno, así pasar la frontera entre la sexta avenida zona uno para pasar a sexta avenida de la zona cuatro, y así nuevamente pasar de la sexta avenida de la zona cuatro a la sexta avenida zona nueve, y luego buscar el retorno sobre la trece calle hacia la reforma, para tomar el,rumbo de regreso y finalizar los Díez kilómetros frente a las instalaciones del edificio municipal.

Ese tema de las zonas que podría volverse algo confuso para los no habitantes de la ciudad de Guatemala, obedece a que durante los inicios de la Nueva Guatemala de la Asunción, denominaron Zona Uno, a la parte céntrica de la ciudad, partiendo como punto cero el parque central. Luego se fueron creando esas “zonas” según fue expandiéndose la ciudad, es por ello que está famosa Sexta avenida atraviesa en línea recta las ciudad desde la zona dos hacia la zona nueve frente al Reloj De Flores.

La cosa es que durante el recorrido de esta competencia, se iluminan, durante el recorrido, los  monumentos o lugares de relevancia histórica o emblemáticos de la ciudad capital de Guatemala. Haciendo así un recorrido que año con año atrae a miles de corredores; algunos que se logran inscribir y otros que ante la limitante de números, se anima a correrla sin la oportunidad de recibir la codiciada medalla de participación.
 
Cada año, Arturo logra inscribirse y así lograr número para participar en esta competencia. Siempre se presenta hora y media antes de la competencia para conseguir un puesto de parqueo en una torre financiera cercana a la municipalidad, en donde realiza sus ejercicios de calentamiento para estar preparado físicamente al inicio de la competencia.

Es tradicional que muchas personas, en esos eventos es cuando se logran ver y saludar personalmente; aquellos comentarios que se escuchan: “puches vos, solo cuando hay carrera nos vemos” o bien, “solo acá nos encontramos”... Entre otros.

Eso le pasaba a Arturo, quien por su ritmo de vida profesional, tenía limitaciones para tener vida social activa, y precisamente estos eventos era en donde establecía contacto con amistades o conocidos.

Cada año, Arturo, coincidía con varios estos amigos y conocidos, pero cuando dio inicio esta competencia, conoció en el parqueo del sótano de esta torre financiera a Daniel, con el cual hicieron “click” ya que ambos eran adictos a las carreras. Para ellos era un sentimiento especial la carrera de diez kilómetros nocturna, les emocionaba recorrer las arterias capitalinas ante el calor de los aplausos y el ambiente tan acogedor que está competencia brindaba.

Normalmente se  encontraban en el parqueo y al final de la competencia en las instalaciones de la municipalidad, donde siempre había música, alegría, fotografías y todo un ambiente de alegría, hermandad y amistad entre los competidores.

Daniel decía que prefería correr sin número, ya que al parecer no le gustaba pagar y solo correr por amor al deporte. Todos los años corría siempre con una playera sin mangas de color rojo y verde. Arturo por educación nunca le preguntó del por qué cada año siempre usaba la misma prenda. Pero como si Daniel le leyera la mente, en la carrera del año 2014, le comentó sin querer queriendo, que esa playera la utilizaba en memoria de su padre que había fallecido años atrás de un infarto luego de un entreno para competir en una maratón internacional. Es por ello que en cada competencia en la que participaba, siempre usaba la última prenda que su padre había utilizado, esto para honrar su memoria.

Durante el recorrido era la primera vez que ambos llevaban el mismo ritmo y se fueron juntos los diez kilómetros del trayecto. Ingresaron juntos a la meta y Daniel le brindó un fuerte abrazo y se prometieron volver a verse el próximo año, como siempre lo hacían; rieron, bromearon y se molestaban en referencia a que solamente para esta carrera se miraban.

Llego el evento del siguiente año (2015), y nuevamente Arturo, con el ritual anual; llegó al parqueo de la entidad financiera hora y media antes de la competencia para poder realizar los ejercicios de calentamiento antes de la carrera.

Justo luego de la entonación del himno de Guatemala, el alcalde de la ciudad, antes de dar el banderazo de salida, dedicó un minuto para honrar a dos grandes corredores que habían sido grandes atletas y que pusieron en alto el atletismo del país y a quienes dedicaba la carrera.

En la pantalla gigante que utilizaban para transmitir el cronómetro de cuenta regresiva, aparecieron dos fotografías. La primera, la de un gran atleta que durante un entrenamiento previo a una maratón había sufrido un paro cardiaco y había fallecido; luego la otra fotografía, la del hijo, quien durante una competencias, sufrió de un desvanecimiento por insolación y deshidratación, había fallecido hace diez años, y este personaje era Daniel.

Arturo, mudo y desencajado, logró divisar a los familiares a quienes les estaban entregando los reconocimientos y las honras. Les pregunto respecto a la vida de Daniel, y los familiares, sin prestar asombro, le comentaron que Daniel era un corredor que nunca pudo hacer un compañero de carreras, y que su sueño siempre fue el de encontrar a alguien que terminara una competencia con él.

Luego de la conversación, Arturo se retiró incrédulo, pensando y concluyendo que ayudó a un alma del más allá a cumplir su sueño y recordó ese último abrazo que se dieron en la carrera del año anterior.