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jueves, 21 de abril de 2016

DESDE MI ESCRITORIO

“Me encuentro sentado acá en mi escritorio, en mi trabajo, la oficina en donde prácticamente he laborado toda mi vida; he sido una parte más de todo este personal que a diario lo veo pasar acá enfrente y que al mismo tiempo me ignoran, pues de plano; empecé hace más de veinte años a trabajar en este lugar. Últimamente han contratado gente muy joven, la cual yo ni conozco y menos que ellos me conozcan y mis contemporáneos ya ni los veo pasar por acá"

“Seguramente estoy tan viejo que ni me voltean a ver, cuando escucho que preguntan por mí, medio levanto la mirada y veo que voltean a verme y ni se sonríen; solamente ven y siguen su rumbo; me ignoran, lamentable luego que he sido una persona que a todos he ayudado a crecer y a enseñarles; ahora solo me voltean a ver y me ignoran. Es más, a muchos de esos jóvenes que me ignoran; a sus padres que en algún momento trabajaron acá; yo les enseñaba, no entiendo por qué ahora ese recelo. Sé que estoy viejo, canoso, arrugado y no mantengo esa presencia y personalidad que a lo mejor algunos años atrás más atractiva, pero mantengo el conocimiento, el respeto y la anuencia de seguir ayudando a las nuevas generaciones a salir adelante”

“He dado más tiempo a trabajar acá con la gente, en enseñarles a entender este trabajo que es de más maña y procesos que algo mecánico y rutinario. He pasado la mayoría del tiempo desde la pura madrugada y saliendo al caer el manto de estrellas por la noche.”

“Si algo ha sido bueno es que durante estos últimos meses, el gruñón de mi jefe ni me ha llamado para reclamarme como lo hacía normalmente, creo que ya está un poco más viejo que yo y ya solo esperan su jubilación para poder retirarlo”.

“Llegar a casa es una burla, ya todos se encuentran durmiendo y ni modo, me tengo que ir a acostar sin cenar ya que por la hora ni me esperaron y ni comida me dejaron”.

“No digamos en las mañanas, en donde me levanto temprano para poder llegar al trabajo a primera hora y así adelantar con varios temas; dejo a mis hijos y esposa durmiendo, esperando que esa tarde pueda al fin salir temprano para poder llegar y disfrutar con ellos; pero últimamente ya ni me esperan por lo tarde que he llegado”.

“Vengo decidido a sacarle provecho a este día y a terminar mis cosas lo antes posible”.

“Voy ingresando a las oficinas, buscando mi puesto de trabajo, pero vaya que solemnidad, el equipo de trabajo al cual pertenezco ha sido muy unido, pero como cosa rara, hoy están orando a medio pasillo, y no me dejan pasar a mi escritorio; sería una falta de respeto ir y pedir permiso mientras ellos están concentrados orando.”

“Mejor me espero acá a que terminen su ritual y sin decir nada me quedo al finalizar esta ceremonia que a saber por qué la están haciendo; luego me pasarán el chisme.”

“Al fin finalizaron, luego de esperar cerca de media hora, empiezan a desalojar el pasillo; pero algo hace que se me aguaden las piernas.”

“Todo el grupo triste, algunos llorando (los más antiguos), algunos nuevos guardando respeto; todos mirando hacia mi lugar”.

“En mi lugar un bonito arreglo de flores y una veladora con un vaso de agua y una fotografía mía”.

“Tenía rato de no ver a mi jefe; platicaba con otros amigos de la oficina que también ya no los había visto ya que ni pasaban cerca de mí; o cuando pasaban los miraba pasar de prisa frente a mí sin voltearme a ver; pero ya entendía el asunto;  mi jefe les decía que aún no podía creer que hace dos años que, por estar tenso ante una situación en el trabajo, me dio un infarto y quedé tendido sobre el escritorio y ya no volví a levantarme; yo había muerto”.

“Ahora entiendo por qué nunca ocuparon mi lugar; ahora entiendo por qué me ignoraban; y mientras tanto mis seres queridos han tratado de olvidarse de mi ante la poca presencia en el hogar y llorando por el tiempo que pude haberles dado y que no les pude proporcionar”.


“Mientras tanto seguiré deambulando, en mi pena de no haberle dedicado tiempo a lo que se lo tuve que dedicar”.

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